Globalización, Asimilación, Implosiones Étnicas y Diversidad Cultural

GLOBALIZACION, ASIMILACION, IMPLOSIONES ETNICAS Y DIVERSIDAD CULTURAL

Se vienen produciendo desde hace mucho tiempo conflictos entre los fenómenos de las globalizaciones y las culturas nacionales. En primer lugar, conviene precisar algunos conceptos: lo que se entiende por identidad nacional y las acepciones que se pueden dar al término globalización. Según el profesor Mahfoud Galloul[1] la globalización o mundialización tiene tres dimensiones:

En primer lugar, podemos decir que la mundialización es la forma tomada por el capitalismo histórico en el sentido de Immanuel Wallerstein o en el sentido de Fernand Braudel, un proceso que se aceleró desde 1945, que designa a la vez la extensión de los espacios mercantiles y productivos de las economías europeas, americanas y ahora sud asiáticas sobre el resto del mundo y en particular sobre los territorios, industrializados o débilmente industrializados, que pueden devenir en mercados emergentes. Esta extensión del mercado “globalizado” es también la invención de nuevas formas de organización, de nuevas técnicas, de nuevas recomposiciones sociales y culturales que no tienen la misma forma, el mismo ritmo y las mismas modalidades de despliegue.

La segunda definición de esta mundialización, consiste en la desreglamentación económica mundial nacida del Bretton Woods y de la O.M.C. pero también estructuras regionales de libre comercio de América y de Europa desde hace un cuarto de siglo. Ésta estructura la integración del conjunto de Estados en una lógica de intercambios comerciales y financieros que son totalmente liberalizados y que tienen incidencias sobre la gestión política interna de los Estados y, en consecuencia, sobre la dinámica económica y social de cada uno de ellos. Esto provoca nuevas relaciones de competición y de hegemonía entre las empresas de dimensión internacional, en función a las relaciones de productividad, de atractivo capitalista o de proximidad de los mercados que cada Estado o territorio representa.

La tercera dimensión de la mundialización es la producción de modelos sociales y de un marco cultural universalizado, es decir, de una ideología tecno-científica de la cultura, y al mismo tiempo de la promoción de un modo de vida relativamente estandarizado alrededor de los usos y las formas de organización social que dominan las sociedades post-industriales del Norte y de las imágenes que ellas transfieren.

Además de estas tres dimensiones de globalización, muchos otros autores infieren infinidad de campos influenciados por la globalización, como por ejemplo: la globalización de las percepciones, la globalización del gobierno, la globalización de la cultura, la globalización de la tecnología vinculada al conocimiento, la globalización de los mercados y las estrategias o la globalización de las finanzas[2].

Por su parte, el concepto de nación es profundamente desarrollado por Benedict Anderson, quien hace una adaptación de la frase de Hugh Seton-Watson[3]:“Todo lo que tengo que decir, es que una nación existe cuando un número significativo de miembros de una comunidad consideran que forman una nación, o se conducen como si formaran una.” Reemplazando únicamente “consideran” por“imaginan”. De esta manera, propone una nueva definición del concepto de“Nacionalismo”: “una comunidad política imaginaria, e imaginada como intrínsecamente limitada y soberana.” Acuñando de esta manera el término imaginarios nacionales.

Por su parte, Luis Arista en un análisis de la obra “El humanismo Americano”, del filósofo peruano Edgar Montiel, señala que una consecuencia de la globalización, es que está produciendo una redefinición de lo que se entiende por soberanía nacional, que hasta hace poco sólo tenía que ver con la territorialidad y la seguridad nacionales pues “cuando se alteran los valores culturales legitimados por consenso se está atentando contra la soberanía”.

Conviene recordar que, en un primer momento en la vida de cada Estado Nación latinoamericano, se presenta un colonialismo interno, concepto que emula la relación colonial entre la metrópoli y sus colonias, pero en este caso el proceso se da entre el centro y la periferia dentro de un Estado. En el colonialismo interno, un solo grupo étnico dominante impone su modelo cultural, controlando el proceso de creación de una nueva cultura nacional sincrética, y explota económicamente las regiones periféricas cuyas poblaciones son étnicamente distintas[4].

Por otra parte, es pertinente recordar también, que la globalización que estamos presenciando no es la primera que se ha dado a lo largo de la historia, según mi profesor René Sandretto[5]se habrían dado cinco principales globalizaciones o mundializaciones. La primera entre el 7000 y el 3000 a.C. llamada la Paleontología de la Globalización, donde se establecieron las primeras relaciones comerciales. La a partir del 3000 a.C. hasta nuestra era, durante la cual emergieron las primeras formaciones imperiales. La tercera entre los siglos XV y XVI, debida a los grandes descubrimientos y subsecuentes colonialismos a nivel mundial. Luego de un periodo de contracción entre los siglos XVII y XVIII durante la era mercantilista, se dio paso a la Primera Gran Globalización, aproximadamente entre 1860 (inicio de la Revolución Industrial) y 1914 (comienzo de la Primera Guerra Mundial). Posteriormente se dio un nuevo periodo de contracción de la globalización, hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando comienza propiamente la Segunda Gran Globalización, como la conocemos hoy en día. Sin embargo, si bien la actual globalización posee ciertos rasgos originales, posee más bien muchos elementos coincidentes con la anterior (1860-1914), como los grandes flujos de inmigración, de inversión de capital extranjero (sobre las producciones nacionales brutas), de exportaciones (sobre le PNB mundial), una explosión de las firmas transnacionales (cuyo mal manejo habría sido uno de los factores desencadenantes de la Primera Guerra Mundial), una baja notable en los costos de transporte y una misma intensificación de los intercambios comerciales, sin olvidar que a partir de 1846, fue Inglaterra quien impulsó los Acuerdos de Libre Mercado Bilaterales con la supresión de las Corn Laws.

La gran contracción causada por ambas Guerras Mundiales, es fácilmente explicable si tenemos en cuenta la tesis de Lenin[6], que postula que la globalización es un factor que puede desencadenar la guerra. Así, la guerra es entendida como un medio para poner fin las disputas por la influencia, dominio o dominación territorial mundial entre las grandes potencias. Por tanto, no es posible afirmar ilusamente, como lo hicieran en su momento Norman Angell (en 1910)[7]o Jean Jaures (en 1911)[8], que las relaciones de interdependencia y solidaridad económicas garantizan la paz, quizá la mayor lección dejada por la Primera Guerra Mundial.

Resulta asimismo, oportuno recordar la tesis de Samuel Huntington: “A medida que el mundo sale de su fase occidental, las ideologías que simbolizaron la civilización occidental tardía declinan y su lugar es ocupado por las religiones y otras formas de identidad basadas en la cultura. La separación westfaliana de religión y política internacional, producto idiosincrásico de la civilización occidental, está tocando a su fin, y como indica Mortimer, ‘cada vez es más probable que’ la religión ‘se entrometa en los asuntos internacionales’. El choque intracivilizatorio de las ideas políticas generadas por Occidente, está siendo sustituido por un choque de cultura y religión entre diversas civilizaciones”[9].

Como es perceptible, el principal problema de las interacciones globales hoy en día es el de la tensión entre homogenización y heterogenización culturales. Bajo el argumento “homogenización” se podría argumentar una amplia gama de hechos empíricos del campo de estudio de los medios de comunicación. Generalmente, este argumento se subdivide, sea en una controversia sobre la omnipresencia de la mercancía, sea sobre la controversia de la americanización, teniendo en cuenta que ambos debates se encuentran estrechamente ligados. Sin embargo, lo que aun resta considerar, es que a medida que las fuerzas impulsadas o expedidas por diversas metrópolis están aterrizando en nuevas empresas, tienden rápidamente a indigenisarse, o adaptarse a éstas úlimas, de una manera u otra, como por ejemplo en la música, los estilos de arquitectura, la ciencia, el terrorismo, los espectáculos o las constituciones nacionales[10].

Appadurai, acuña, entre otros (como technoscapeo financescape), los términos ethnoscape, mediascape e ideoscape, el primero es usado para desvirtuar la idea de que las identidades de grupo son (como las nacionales) implican erróneamente ver a las culturas como formas espacialmente limitadas, históricamente inconscientes de ellas mismas o éticamente homogéneas. Mientras que el segundo de éstos términos es utilizado para denominar el conjunto de medios electrónicos de producción y diseminación de la información, manipuladas por un número creciente de intereses públicos y privados a través del mundo. Por su parte, los idéoscapes son aquellos compuestos de las concatenaciones de imágenes usualmente políticas y en relación con las ideologías de los Estados y las contra-ideologías de movimientos explícitamente orientados hacia la toma de poder del Estado o de alguno de sus componentes. Pero lo más importantes es que la relación entre los factores expuestos es profundamente disyuntiva e imprevisible, porque cada uno de ellos tiene sus propios obstáculos y estimulantes, al mismo tiempo que cada uno comporta una barrera y un parámetro de los movimientos propios de los otros[11].

En consecuencia, en la actualidad se producen muchos conflictos producto de la resistencia a la mencionada homogenización, cuyas causas o factores acabo de explicar. Un tipo clásico de estos conflictos son las implosiones étnicas, la cual muchas veces deriva en violencia étnica, las cuales a su vez producen una cascada o concatenación de acontecimientos, que dependen a su vez de la interpretación que a éstos les atribuyen los idéoscapes o los mediascapes[12].

Otra perspectiva muy interesante es la plateada por algunos autores canadienses respecto a la reconciliación de pueblos que se reconcilian con su destino, en el sentido de aceptar o de resignarse a un cierto estado de cosas que no son bienvenidas pero bajo su control[13]. Así, se plantean dos tendencias: en primer lugar tenemos la reconciliación como resignación, vale decir, un proceso asimétrico donde uno adopta una actitud de aceptación de las circunstancias que no dan luces de un posible cambio. Generalmente, puede sugerir que uno se ha rendido y ha optado por no seguir luchando, en otras palabras, la moralidad de la reconciliación como resignación depende de las circunstancias. Éste sería el caso de los indígenas Seminolas, en Estados Unidos, por ejemplo, teniendo en cuenta que el 10 de mayo de 1842, cuando un frustrado presidente John Tyler ordenó el cierre de las acciones militares contra los Seminolas, más de $ 20 millones habían sido gastados, 1.500 soldados estadounidenses murieron y aún no había Tratado de Paz formal había sido firmado; o considerando que el siglo pasado debieron hacer frente a procesos legales por los juegos de azar, que finalmente ganaron, y que llegaron a un acuerdo sobre la demanda de reivindicación de tierra que habían presentado en 1947. En cambio la reconciliación como consistencia puede ser simétrica o asimétrica y puede implicar un proceso técnico de integración de dos partes o puede comportar un juicio moral (“reflective equilibrium” en palabras de Rawls), es decir, una reconciliación entre las opiniones y compromisos específicos y los principios morales abstractos que presuponen, de forma que juntos representen un cuerpo moral coherente (siguiendo a Dworkin). Éste objetivo sería, por ejemplo, el que pretenden lograr la Corte Constitucional de Colombia, y quizá también la Corte Suprema de Canadá.

Por su parte, Yrigoyen apunta que “[s]egún Marzal hay 3 políticas seguidas por los estados: 1) el indigenismo colonial cuyo proyecto político es segregar y «conservar» a las sociedades y culturas indígenas como tales bajo el control (defensa-explotación) de la sociedad dominante; 2) el indigenismo republicano cuyo proyecto político es «asimilar»a los indígenas a la sociedad nacional para formar una nación mestiza; y 3) el indigenismo moderno, de mediados del siglo XX, que tiene como proyecto político integrara los indígenas a la sociedad nacional pero conservando ciertas peculiaridades culturales propias.” Además Yrigoyen añade dos modelos al esquema de Marzal para el caso de los pueblos o naciones indígenas colonizados, uno al inicio y otro al final, distinguiendo así cinco modelos o políticas: 1) el proyecto de ocupación y sometimiento; 2) el proyecto de subordinación política y segregación colonial; 3) el proyecto asimilacionista; 4) el proyecto integracionista; y 5) el horizonte pluralista[14].

Respecto a las mencionadas implosiones étnicas, me gustaría mencionar el conflicto suscitado en Siria (precedido por el fenómeno conocido como “La Primavera Árabe”), o mejor dicho provocado por lobbies propiciados por influencia rusa y americana. A Rusia le interesa terminar su proyecto North Stream, que conecta directamente Alemania con Rusia pasando por el Mar Báltico, pero sobre todo su proyecto South Stream, que empieza en Rusia atravesando el Mar Negro hasta Bulgaria, donde se divide, para pasar por Grecia e Italia, por un lado, y por Hungría y Austria, por el otro. A Estado Unidos solo le importa completar de una vez su proyecto su proyecto Nabucco, que parte de parte de Asia Central y de los alrededores del Mar Negro, pasando por Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria, República Checa, Croacia, Eslovenia e Italia.

Por otra parte, para poder comprender la causa del proyecto nuclear iraní, resulta fundamental el hecho que Estados Unidos pretendiera incorporar el gas de Irán a su proyecto, conectándolo al punto de almacenamiento de gas en Erzurum, en Turquía. Esto tiene que ver, a su vez, con el gas proveniente del Mediterráneo oriental, es decir, con Siria, Líbano e Israel. Es más, según el Washington Institute for Near East Policy (WINEP), en la cuenca del mediterráneo se encuentran las mayores reservas de gas del mundo y es precisamente en Siria donde se hallan las más importantes. Esto último resulta de vital importancia para explicar el presente conflicto si además tenemos en cuenta que Irán firmó varios acuerdos para transportar su gas a través de Irak y Siria, en julio de 2011. De esta manera, Siria se convierte así en el principal centro de almacenamiento y producción de gas, vinculado incluso con las reservas del Líbano. En consecuencia, se incorpora un nuevo espacio geoestratégico y energético que abarca Siria, Irán, Irak y Líbano[15]. Así, se puede demostrar, una vez más que: “El conflicto, en verdad, es político. El vocabulario y las imágenes, religiosas.”[16]

Finalmente, existen muchísimos otros casos de conflictos nacionales o locales causados por la influencia de la globalización, como “La Primavera Política” en Myanmar; el movimiento MQM o Muttaheda Qaumi Movement en Karachi, Pakistán; los Tamouls en Sri Lanka; los chechenos en Rusia (conflicto estrechamente vinculando con el anteriormente explicado vinculado a la nueva era del gas o guerra fría del gas); el movimiento Euskadi Ta Askatasuna en Euskadi o País Vasco, España; el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el Estado de Chiapas, Méjico; e infinidad de conflictos con pueblos indígenas como protagonistas a lo largo de toda América Latina, como en San Miguel Ixtahuacán y Juan Sacatepéquez en Guatemala, en el pueblo Miskito en Honduras y Nicaragua; el pueblo Ngobe de Charco la Pava en Panamá; el pueblo U’wa con la Occidental Petroleum y el pueblo Embera con la represa de Urrá, en Colombia; el pueblo Tagaeri, Taromenane, Siona, Secoya, Cofán, Quichua y Huoraní en Ecuador; los pueblos guaraníes en Paraguay y Brasil; el pueblo Mapuche en Chile; los pueblos Murunahuas, Chitonahuas, Kichwas, Aguajunes, entre muchos otros bien conocidos en Perú.

Me gustaría llamar a la reflexión siguiendo las enseñanzas de mi profesor Mahfoud Galloul[17]: “La nueva economía de los medios de comunicación no se resume a la simple transposición de los mercados de los medios de comunicación tradicionales, sino que se traduce en la extensión o la proliferación de los medios de difusión de información o de cultura en los Estados, en las economías más modernas de Europa y de América del Norte. Esta extensión aumenta la presencia numérica de la información como de los contenidos provenientes del Norte hacia el sur y puede traducirse en una hegemonía cultural de la información y política que de hecho se encarna en la proliferación de los mensajes distribuidos. La economía de las redes es casi planetaria y aumenta la potencia de difusión de los contenidos, las imágenes, los comentarios y las interpretaciones de la actualidad, pero impone también los puntos de vista y los valores del emisor dominante. La cuestión es pues saber por quién, cómo y dónde estos contenidos son producidos y cómo pueden ser controlados o dirigidos en sociedades culturalmente diferentes. Es en función a las identidades vividas o percibidas por los pueblos y los Estados que la mundialización cultural se difunde bien como una ventaja o bien como un perjuicio”.

Así, según Galloul, “la concentración económica de las empresas de multimedia que dominan la economía mundial, es decir, una veintena de grandes empresas en el mundo, confirman que los mercados de contenidos culturales o de información se vuelven hoy en día mercados dominantes de la economía mundial, por lo menos con dos consecuencias. Estas dos consecuencias son, en primer lugar, la modificación o la producción de una verdadera geopolítica de la información y, por consiguiente, de la influencia política de los Estados dominantes o emisores principales sobre el resto del mundo, desde el punto de vista de la información. Y por otro lado, una verdadera dominación cultural, o “imperialismo cultural” en palabras de Edward Saïd[18], a causa de la evidente sumersión de la cultura de los Estados representados en estos nuevos medios de comunicación sobre los otros”.

Al respecto, Manuel Castells[19] confirma que una revolución tecnológica centrada alrededor de las tecnologías de la información está reestructurando la base material de la sociedad y que las economías a través del mundo han quedado globalmente interdependientes, introduciendo una nueva forma de relaciones entre economía, el Estado y la sociedad en un sistema de geometría variable, caracterizadas por: el papel predominante de la política de los medios de comunicación y su interacción con la crisis de legitimidadpolítica en la mayoría de países de todo el mundo; el papel clave de los medios de comunicación segmentados y personalizados en la producción de la cultura; el surgimiento de una nueva forma de comunicación relacionada con la cultura y la tecnología de la sociedad de red, y basada en redes horizontales de comunicación: lo que él llama auto-comunicación de masas;los usos de la comunicación de masas, en una sola dirección, de la comunicación de masas y de la auto-comunicación de masas en la relación entre poder y del contrapoder, en la política formal, en la política insurgente, y en las nuevas manifestaciones de los movimientos sociales.

Según el Castells, la comprensión de esta transformación entre la comunicación y el poder debe basarse en un contexto social caracterizado por varias tendencias importantes:

a) El estado, tradicionalmente la principal fuente de poder, está siendo cuestionado en todo el mundo a través de:

• la globalización, que limita su decisión soberana,

• las presiones del mercado hacia la desregulación que disminuyen su capacidad para intervenir,

• una crisis de legitimidad política que debilita su influencia sobre sus ciudadanos;

b) Las industrias culturales y medios de comunicación comerciales se caracterizan, al mismo tiempo por la concentración de las empresas y la segmentación del mercado, lo que lleva hacia una mayor competencia oligopolística, la entrega personalizada de los mensajes y la creación de redes verticales de la industria multimedia;

c) En todo el mundo, la oposición entre individualismo y comunitarismo define la cultura de la sociedades al mismo tiempo que la construcción de la identidad funciona con los materiales heredados de la historia y la geografía y de los proyectos de los asuntos humanos. La cultura de raíces comunitaristas se arraiga en la religión, la nación, la territorialidad, el origen étnico, género y medio ambiente.

Por el contrario, la cultura del individualismo se extiende en diferentes formas: • como el consumismo impulsado por el mercado, • como un nuevo patrón de la sociabilidad basada en el individualismo en red, y • como el deseo de autonomía individual, basado en la auto-definidos los proyectos de vida.

Por su parte, Paul Kennedy sostuvo que “a medida que avanzamos hacia el próximo siglo (actual siglo XXI), las economías desarrolladas parecen tener todas las cartas de triunfo en sus manos; capital, tecnología, control de comunicaciones, alimentos sobrantes, poderosas compañías multinacionales y en todo caso aquellas ventajas están creciendo porque la tecnología erosiona el valor de la mano de obra y de los materiales, los principales activos de los países en vías de desarrollo”[20].

El desarrollo desigual del comercio mundial[21] se traduce también en el desarrollo desigual de las condiciones culturales internas de los Estados más desprovistos o menos equipados para producir sus propios contenidos. Es por ello, que la problemática de la diversidad cultural fue objeto, desde hace una quincena de años, de debates en el seno de la UNESCO[22].

Por tanto, se debe de promover y defender, las culturas autóctonas en tanto patrimonio común de la humanidad como condición misma de su salvaguarda si no de su supervivencia, lo cual implica no solamente respetar la diversidad cultural sino implementar una conciencia pluralista a nivel mundial. Por ello, el rol de los Estados es central para crear las condiciones de una autonomía cultural y para la salvaguardia de ciertas normas que condicionan el bien común de una sociedad o del Estado entendido como defensor del interés general, incluidas las normas consuetudinarias vinculadas a la autonomía política y jurisdiccional de las etnias locales. Proteger la cultura como bien común es también crear las condiciones productivas y laborales para que las culturas autóctonas puedan valorizarse y darse a conocer, sobre todo mediante la promoción de una política cultural de producción y de difusión de contenidos locales históricos de cada población.

La cuestión de la autonomía de producción de la cultura para los Estados es pues central para poder formular los parámetros o los valores de su identidad histórica, pero también para promover un modelo de desarrollo que sea propio de ellos, que resulte verdaderamente del dinamismo de las poblaciones más bien que de la simple adaptación de los modelos exteriores importados por los medios de comunicación y las políticas públicas tradicionales. Es por tanto, una manera para los Estados de defender su capacidad de crear las condiciones de una autonomía económica y, por ende, de un desarrollo sostenible. Es importante, en conclusión, observar que la difusión de tecnologías no es un fenómeno simplemente nuevo, sino un fenómeno que se inscribe en una dinámica histórica del desarrollo o del subdesarrollo.

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[1] GALLOUL, Mahfoud. La culture face aux défis de la mondialisation: référentiels et acteurs de la mondialisation culturelle. En: Mélanges de l’école française en Rome. Roma: Mefrim, 2002. Pp. 441-456.
[2] The Group of Lisboa. Limits of to Competition. Cambridge, Masachussetts: The MIT Press, 1995. P. 20.
[3] SETON-WATSON, Hugh. Nations and States. An Inquiry into the Origins of Nationsand the Politics of Nationalism. Methuen: Westview Press, Boulder, 1977. En: ANDERSON, Benedict. L’imaginaire national. Réflexions sur l’origine et l’essor du nationalisme. Traducido del inglés al francés por Pierre-Emmanuel Dauzat. París: Éditions La Découverte, 1996. P. 19.
[4] STAVENHAGEN, Rodolfo. The Ethnic Question. Conflicts, Development and Human Rights. Conflicts, Development and Human Rights. Tokyo: United Nations University Press, 1990. Pp. 11-15.
[5] Profesor del IEP de Lyon (Sciences Po Lyon), de los cursos de Mundialización de la Economía Internacional, Finanzas Internacionales y Políticas Comerciales.
[6] Imperialismo, fase suprema del capitalismo. 1916.
[7] The Great Illusion. 1910.
[8] Así, Cl. Paris: LeBorgne, Grasset, 1987.
[9] HUNTINGTON, Samuel P. El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Traducción de José Pedro Tosaus de la versión original: The clash of civilizations and the remaking of world order. Barcelona: Paidós, 1997. P. 53.
[10] APPADURAI, Arjun. Après le colonialisme. Les conséquences culturelles de la globalisation. Paris: Payot & Rivages, 2001. P. 67.
[11] APPADURAI, Arjun. Idem.; Pp. 68-72 y 253.
[12] APPADURAI. Idem.; Pp. 209-219.
[13] Así, WALTERS, Mark D. The Jurisprudence of Reconciliation: Aboriginal Rights in Canada. En:The Politics of Reconciliation in Multicultural Societies. Editado por Will Kymlicka y Bashir Bashir. New York: Oxford University Press, 2008. P. 167.
[14] YRIGOYEN FAJARDO, Raquel. Hitos en el reconocimiento del pluralismo jurídico y el derecho indígena en las políticas indigenistas y el constitucionalismo andino. Parte de su tesis doctoral. En: Pueblos Indígenas y derechos humanos. Mikel Berraondo (coordinador). Bilbao: Universidad de Deusto, 2006. Pp. 538-541.
[15] Ver sitio web: http://www.voltairenet.org/Siria-centro-de-la-guerra-del-gas. Visto el 10 de julio de 2012.
[16] WARNER, Jean-Pierre. La mondialisation de la culture. Tercera edición. Paris: La Découverte, 2004.
[17] Profesor del IEP de Lyon (Sciences Po Lyon), de los cursos de los Desafíos de la mundialización y la cultura, de la Protección del Patrimonio Cultural y del Derecho de la Comunicación y los medios de comunicación.
[18] Ver, SAÏD, Edward. L’Orientalisme. L’Orient creé par l’Occident. Traducido del inglés por Catherine Malamaud. París: Le Seuil, 1980. En donde afirma también que el Orientalismo ha estado dominado por un sentimiento de confrontación. P. 235.
[19] CASTELLS, Manuel. Communication, Power, and Counter-power in the Network Society. En: International Journal of Communication 1, 2007. Pp. 238-266. Disponible en web: http://ijoc.org/ojs/index.php/ijoc/article/view/46/35.
[20] KENNEDY, Paul. Préparer le XXIe siècle. Traducción de la version original: Preparing for the Twenty-first Century. París: Odile Jacob, 1994.
[21] Ver al respecto, STIGLITZ, Joseph E. y Andrew Charlton. Comercio Justo para Todos. Cómo el comercio puede promover el desarrollo. Traducción Natalia Rodríguez Martín de la versión en inglés: Fair Trade for All. How Trade Can Promote Development. Buenos Aires: Taurus, 2008. Pp. 183-278.
[22] Ver especialmente, la Declaración Universal de la Unesco sobre la diversidad cultural, del 2 de noviembre de 2001, y la Convención sobre protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales, del 20 de octubre de 2005. Resulta asimismo de singular importancia, el antecedente de la Recomendación sobre la Salvaguardia de la Cultura Tradicional y Popular de 1989, también promulgado por la UNESCO.
  • INDACOCHEA, Juan Manuel : Alumno de Maestría en Derecho Internacional y Europeo de la Universidad Paris X Nanterre.

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